Cuando el miedo activa nuestro cerebro emocional, una parte de la ansiedad centra nuestra atención en la amenaza, obligando a la mente a buscar obsesivamente una salida y a ignorar todo lo demás. La preocupación constituye, pues, en cierto modo, una especie de ensayo en el que consideramos las distintas alternativas de posibles respuestas. Por consiguiente, la función de la preocupación consiste en una anticipación de los peligros que pueda presentarnos la vida y en la búsqueda de soluciones positivas ante ellos.
Adaptado de Goleman, D. (2002). Inteligencia emocional. Editorial Kairos.
Respecto de la preocupación y el estrés, determine el valor de verdad (V o F) de las siguientes proposiciones:
I. Las situaciones que presionan a los sujetos les generan preocupaciones. Si esto se repite constantemente, origina una solución positiva a nivel social, cognitivo, conductual, relacional y emocional.
II. Las diversas preocupaciones con tensión alta evidencian características emocionales y cognitivas en los sujetos que las sufren. El individuo es observado como permeable a todo razonamiento y con una actitud unilateral, rígida y estereotipada, y presenta un descontrol en sus impulsos.
III. Cuando las preocupaciones se intensifican y persisten, ensombrecen la coherencia actitudinal hasta desembocar en arrebatos nerviosos, fobias, obsesiones, compulsiones y auténticos ataques de pánico.