“La superiora, las monjas y algunos de los fieles corrieron a la tribuna. ¡Miradle! Miradle! –decía la joven fijando sus desencajados ojos en el banquillo, de donde se había levantado asombrada para agarrarse con sus manos convulsas al barandal de la tribuna. Todo el mundo fijó sus miradas en aquel punto El órgano estaba solo, y no obstante, el órgano seguía sonando como solo los arcángeles podrían imitarlo en sus raptos de místico alborozo –¡No os lo dije yo una y mil veces, mi señora doña Baltasara, no os lo dije yo! Aquí hay busilis! Oidlo, ¡quél, ¿no estuvisteis anoche en la Misa del Gallo? Pero, en fin, ya sabréis lo que pasó. En toda Sevilla no se habla de otra cosa...”
¿Cuál es el tema aludido en el fragmento de la leyenda “Maese Pérez, el organista”, de Gustavo Adolfo Bécquer?